Son almas puras de Dios que con sus sufrimientos realizan lo que enseñaba San Luis Orione: son “Pararrayos de Dios” para que la Ira Divina, aplacada por su silencioso ofrecimiento, no se vuelque sobre la humanidad descarriada, pero también “imán de gracias” para el mundo necesitado.
Su gran misión, por tanto, es rezar y ofrecer por nosotros. ¿Quieres pedirles oraciones?